No importa lo que haga, cada persona está siempre representando el papel principal de la Historia del mundo.Y normalmente no lo sabe.
El Alquimista (Paulo Coelho)

divendres, 21 de gener del 2011

                                                                    19 de Enero de 2011
  • El viento frío le arañó la cara. Ana cerró los ojos para evitar que las lágrimas que había estado conteniendo durante todo el viaje en barco se derramaran ahora. Tendría que estar cuatro días rodeada de frío y nieve, algo totalmente contrario a las calurosas playas con las que había soñado.
    -¡ Oh !- exclamó Mel mientras desenfundaba su cámara - ¡ Esto es precioso !
    Sintió la mano de Marck sobre su hombro.
    -Dale una oportunidad, abre los ojos.
    Ana los abrió, y el intenso color blanco del paisaje la obligó a cerrarlos momentáneamente.
    Las montañas, a lo lejos, estaban completamente cubiertas de blanca nieve, al igual que los árboles. Se giró para mirar el mar. El agua era completamente cristalina, y el sol reflejaba la nieve sobre su superfície, produciendo brillantes formas. Apretó los labios. Era precioso.
    -Bueno, vamos a ver, acabamos de desembarcar en lo que se podría decir que es la Patagonia Chilena, pero tenemos intención de enseñaros también la Patagonia Argentina.- El guía se había situado delante de los estudiantes, tres chicos y dos chicas, una venía a regañadientes, pero parecía que el paisage la había aplacado.
    - Nos encontramos en Valdivia, concretamente en la Región de Los Ríos. Hoy simplemente tenemos previsto hacer una ruta por esta zona. Para que os hagais una idea de cómo es este lugar.
    Estuvieron el resto del día andando, mientras el guía les explicaba todas las regiones que formaban Valdivia, y los animales y plantas típicas de la Patagonia en general. Ana ya había dejado de escuchar cuando el rápido “click” de la cámara de Mel le hizo levantar la cabeza.

  • Frente a ellos había un árbol grande, enorme, con las ramas cubiertas de pequeños cristales de hielo, y a los pies del árbol, una especie de conejo que se sacudía la nieve de la cabeza. El pelaje era marrón claro y las patas delanteras mucho más largas que las de los conejos que acostumbraba a ver.
    Aquella noche, Ana, con la mirada fija en el techo de su camarote tuvo la extraña sensación de que estaba justo dónde tenía que estar, y perdida como estaba en sus pensamientos apenas se dio cuenta de que el barco se movía.

                                               20 de enero de 2011

-Estamos frente a la entrada de una de las cuevas que forman la llamada Cueva del Milodón. Recive este nombre porque en ella fueron encontrados los restos de un gran animal herbívoro prehistórico, el Milodón- El guía se encontraba frente a una especie de pared montañosa- Evidentemente, a pesar de las muchas leyendas urbanas no os vais a encontrar a dicho animal, aunque he de deciros que hay trozos de hielo del tamaño de un brazo, así que nada de ruidos fuertes- miró brevemente a Mel- ni cámaras.
Ella lo miró desafiante pero la guardó dentro de su bolsa.
Ana ni tan siquiera reaccionó,estaba convencida de que sus manos estaban igual de frías que la nieve que había estado pisando.
Al entrar dentro de la cueva el primer pensamiento que tuvo fue de rechazo hacia el color marrón del interior de la cueva, tan en contraste con el blanco que se había acostumbrado a ver. Ese pensamiento la hizo reir. En los puntos en los que se unían las paredes rocosas crecían grandes estalactitas de hielo, que titilaban. Dio una mirada al interior de la cueva e inmediatamente se sintió terriblemente pequeña e insignificante, comparada con la grandeza de aquel lugar. “Nos creemos el centro del mundo y no somos nada...”
De golpe, por el rabillo del ojo vio el flash de Mel. Se giró, y la encontró subida encima de una roca fotografiando las estalactitas de hielo que sobresalian del techo.
Fue visto y no visto. La mano que tenía sobre la roca le falló, haciéndola resvalar y caer. La cámara golpeó la estalactita que estaba fotografiando, que le cayó sobre la pierna.
A Ana se le paró el mundo. Intuyó como los demás se acercában y formaban un circulo en torno a su hermana. Pero no vio, ni escuchó nada más. Arriba, en el techo, las estalactitas seguían titilando.
                                                                                          

21 de enero de 2011

-¿Estás muy enfadada conmigo?
Ana miró la pierna enyesada de su hermana y no contestó
- Sólo quería unas fotografias, ¡ nunca había visto el hielo tan azul !
-Pues ahora tampoco vas a verlo
Mel la miró brevemente antes de bajar la cabeza
-Lo siento...
Ana suspiró
-Ahora ya da igual, no podemos hacer nada.
-¿Puedes hacerme un favor? Llévate mi cámara y haz algunas fotos...
Ana se levantó pesadamente de la cama
-Lo intentaré.
Se encaminó hacia la puerta, y justo cuando posó la mano sobre el picaporte de la puerta escuchó de nuevo su voz.
-Ana...déjalo, no hagas ninguna foto, simplemente mira. ¿Sabes? Creo que acabo de darme cuenta de que algunas cosas son más hermosas precisamente porque no duran.

Ana se sentó sobre la fría nieve. Con ayuda del barco y de tres horas de caminata sin descansos habían llegado al famoso Mirador De Las Tres. Dónde había una vista que rayaba lo sobrenatural, y dónde les habían contado la leyenda de las tres hermanas que se ahogaron mientras lavaban la ropa.
Se estremeció sólo de pensar en que alguien pudiera meter las manos en esas aguas.
Después, habian descendido, y ahora se encontraban cerca del barco, para volver a Argentina y empezar el viaje de vuelta.
Pero aquello era precioso. El sol se estaba poniendo, y sus rayos provocaban en la nieve un color rosado impresionante, y sobre el agua sombras doradas.
Ella abrió mucho los ojos, intentando guardar para siempre aquel recuerdo, aunque claro, para siempre es sólo un momento.


                                                                                            22 de enero de 2011
Apretó con fuerza las manos desnudas sobre el frio acero de la barandilla. Estaba en el barco, de vuelta a casa.
Hacía ya un rato que el frío se había hecho más soportable, pero el viento seguía golpeándole la cara con fuerza.
Los trozos de hielo también se habían hecho cada vez menos frecuentes, y ahora tan sólo se veían uno o dos sueltos cada cierto tiempo.
Un chapoteo atrajo su atención hacia abajo, y tuvo el tiempo justo de ver una gran ballena de color oscuro sacando momentáneamente la cabeza sobre el agua.
-Es una Ballena Franca Austral.- dijo Marck a sus espaldas
Ella le sonrió.
-¿Cómo está Mel?
-Quejándose de no haber podido hacer fotos al mirador. Deberíamos entrar, o Mel volverá con la pierna rota y tú con una pulmonía.- dijo girándose.
Ana asintió. Miró por última vez el paisaje.
-Voy a echar de menos el blanco...- Dijo.
Y apretó de nuevo las manos sobre la fría barandilla.

1 comentari:

  1. Casi una novela... No es exactamente lo que yo proponía (una guía de viaje) pero está muy bien redactada. Y un léxico muy interesante. Me gusta.

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